lunes, 31 de mayo de 2010


Miró a su esposa cruzar la calle con el abrigo rojo que siempre juró que tiraría pero que siempre sacaba de su armario, año tras año. Así era con todo. Fue algo que lo atrajo cuando se conocieron. La ropa que usaba una y otra vez, los montones de labiales sin usar, la canción que cantaba mientras cocinaba pertenecían a una vida que ahora parecía extraña. Una vida que estaba planeando dejar entre la entrada y el postre.
Le sorprendió lo extrañamente lógico que fue elegir ese lugar para dejarla, el mismo lugar en el que se dió cuenta de que ya no la amaba. Cuando ella sonrió él casi gritó "Voy a dejarte, no sonrías", pero simplemente le dio un sorbo de su vino. Otra cosa que le molestaba era que ella nunca ordenaba aperitivos ni postres, pero siempre se comía lo de él. Peor aún, él siempre ordenaba la comida que le gustaba a ella. "¿Acaso me gustan los profiteroles?" se preguntaba.
Cuando ella empezó a llorar como él nunca había visto al principio pensó "Sabe que la dejaré por Marie-Christine", la azafata rubia a la que amaba hace 18 meses. "Se acabó" pensó, "lo sabe. Lo sabe hace meses. Debí haberlo supuesto". Aún llorando, sacó unos papeles y se los dió. En fríos términos médicos, decían que tenía una leucemia terminal. En un instante, su primer propósito desapareció de su mente y una voz metálica empezó a decirle "¡Tienes que estar a la altura de la situación!". Y lo hizo.
Pidió tres órdenes de profiteroles para llevar, y le envió un mensaje de texto a su amante. Atendió a su esposa en todo lo que ella quería, colgando fotografías por toda la casa, llevándola a ver sus películas favoritas durante el día, buscando ofertas aunque odiaba ir de compras, leyendo Sputnik Sweetheart en voz alta para ella. Hasta el más mínimo detalle tenía un sabor distinto sabiendo que jamás podría volver a hacer lo mismo por ella.
Actuando como un hombre enamorado, volvió a ser un hombre enamorado.
Cuando ella murió en sus brazos, cayó en un coma emocional del que nunca salió.
Incluso ahora, muchos años después, su corazón se acelera al ver una mujer con un abrigo rojo.

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